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Trump cumple su amenaza: un mix entre proteccionismo y desafío al multilateralismo

Trump cumple su amenaza: un mix entre proteccionismo y desafío al multilateralismo

24/3/2025 | CEU

Trump cumple su amenaza: un mix entre proteccionismo y desafío al multilateralismo

-Paula Feito Amundarain-

Con la llegada a la Casa Blanca del magnate estadounidense Donald Trump se abre un nuevo rumbo para la política exterior americana, marcada por una guerra comercial iniciada el pasado mes de febrero con la entrada en vigor de la subida de aranceles a diversos países socios de Estados Unidos.

Desde que en noviembre del año pasado tuviera lugar la reelección de Donald Trump como presidente de los Estados Unidos, muchas han sido las señales que han apuntado hacia un giro proteccionista de la política exterior norteamericana. En su anterior mandato ya puso de manifiesto su intención de hacer del mantenimiento de la hegemonía y los intereses estadounidenses una prioridad, objetivo que quedó expresamente plasmado en el lema “America first”.

Hasta ahora los diferentes socios comerciales de Estados Unidos han esperado expectantes a la confirmación de las medidas económicas anunciadas por el magnate, que han acabado por materializarse. Estas han desencadenado reacciones dispares, pareciendo todas ellas tener algo en común: el rechazo a la «política del más fuerte» a la que Donald Trump pretende volver en la arena internacional.

Guerra comercial sin precedentes

Sin duda, tal y como cabía esperar, uno de los países que más perjudicado ha resultado a causa del nuevo posicionamiento de Washington ha sido China, la única economía que en la actualidad podría tener la capacidad de desafiar al gigante estadounidense. En consecuencia, los bienes procedentes del gigante asiático han sufrido un sustancial aumento de aranceles, sumándose a los que de manera previa ya pesaban sobre estos productos. Cuando Donald Trump se hizo con la victoria en las elecciones del pasado noviembre, ya anunció que dicha subida de aranceles se haría efectiva. Sin embargo, al 10% de aranceles extra que se anunció, se ha sumado un 10% extra, por lo que la tasa arancelaria sobre productos chinos se ha duplicado, llegando a alcanzar un 20% de aranceles adicionales. Pekín ha respondido a estas medidas con contundencia, anunciando asimismo la imposición de aranceles sobre determinados bienes de procedencia estadounidense y desencadenándose así el principio de lo que parece una guerra comercial de importantes implicaciones internacionales.

Como ha dejado claro en numerosas ocasiones, Donald Trump percibe a China como un competidor desleal, condición que no ha dudado en castigar de forma dura y consistente. Ante esta situación cabe hacerse la siguiente pregunta: ¿será Donald Trump capaz de renegociar su postura? Una gran parte de los productos tecnológicos y textiles de Estados Unidos son importados desde China, por lo que, de manera inevitable, esta subida de los aranceles acabaría teniendo un impacto en los consumidores estadounidenses, así como en las relaciones bilaterales entre ambos países.

El presidente norteamericano también ha anunciado un aumento de los aranceles a productos procedentes de México y Canadá hasta el 25%. Este aumento entrará en vigor en abril y podría tener un fuerte impacto en las economías de estos dos países, pues una gran parte de los productos que exportan son dirigidos a Estados Unidos.

En cuanto a la Unión Europea, el Viejo Continente no quedará eximido de la fiebre proteccionista. Donald Trump ha anunciado aranceles sobre productos europeos, algo que podría afectar de manera negativa a numerosos sectores productivos europeos como el del acero y el aluminio. Queda por ver a qué otros productos se extenderán estas medidas y, sobre todo, cuál será la respuesta europea a esta declaración de guerra arancelaria.

Tensiones con el Viejo Continente

Otra de las cuestiones que ha estado encima de la mesa en los últimos meses desde el cambio de gobierno ha sido aquella relacionada con la permanencia de Estados Unidos en la OTAN y la exigencia de Donald Trump a los países miembros de la organización de aportar más fondos si quieren que el Tío Sam permanezca en la misma.

Esta incertidumbre con respecto al futuro de la alianza transatlántica se produce además en un momento inquietante para los europeos, pues Donald Trump ha mostrado en reiteradas ocasiones su simpatía hacia Vladimir Putin y ha protagonizado escenas ampliamente criticadas a nivel mundial como la que tuvo lugar el pasado febrero con Volodímir Zelenski en la Casa Blanca, que terminó con el bloqueo del acuerdo que permitiría a Estados Unidos explotar yacimientos de tierras raras en Ucrania.

Trump y Putin estarían en contacto para negociar acerca de las posibilidades de poner fin al conflicto de la guerra de Ucrania, buscando una solución rápida. De esta forma, donde anteriormente hubo un gran compromiso con la causa ucraniana ahora el nuevo presidente ha tomado una postura más equidistante, con todas las implicaciones que esto podría conllevar en el desarrollo del conflicto.

Sin duda, esto sitúa a los países europeos en una posición incómoda, pues desde el momento en que se produjo la invasión la han condenado firmemente y han tratado de castigarla a través de la imposición de aranceles cuya eficacia hasta ahora no queda del todo clara. En todo caso, desde que tuvo lugar la creación de la OTAN, Europa siempre ha estado bajo la protección de Estados Unidos, destinando los países europeos a defensa un porcentaje de sus presupuestos mucho menor de lo que Donald Trump considera necesario.

Ante esta situación se presenta la posibilidad en Europa no solamente de ampliar en cantidad el armamento que se envía a Ucrania, sino también la necesidad de rearmarse ella misma en un escenario en el que el apoyo estadounidense no puedo darse por hecho. Las medidas de Trump no solo han ocasionado un recrudecimiento de las relaciones entre Estados Unidos y Europa, sino que además están causando divisiones internas en esta última acerca de cómo reaccionar. Mientras que los países del norte abogan por una remilitarización urgente del continente, los países del sur como España e Italia han mostrado sus reservas acerca de esta retórica belicista. Sin duda, la complejidad interna e institucional de la Unión Europea hará de la toma de una posición común una tarea difícil.

Todo lo anterior pone de manifiesto un panorama internacional en el que ni siquiera las alianzas tradicionales pueden darse por sentadas y en el que los debates que creían haberse dejado atrás después de los conflictos del siglo XX resurgen con fuerza. Será cuestión de tiempo saber hasta dónde está dispuesto a llegar Donald Trump en su tira y afloja por la predominancia de Estados Unidos en un orden internacional cada vez más polarizado y en el que la hegemonía estadounidense sigue puesta en entredicho.

Paula Feito Amundarain es alumna del programa de máster en Relaciones Internacionales.

Este artículo se incluye dentro de la Cátedra Jean Monnet «European Union’s external relations and Spanish Foreign Policy».

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